16 de agosto de 2017

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10/09/2026

Cine/TV

El nuevo voyerismo

El fenómeno de los ‘reality shows’ ha resurgido, potenciado, en los canales de YouTube orientados a la monetización de la vida privada

Alejandro Badillo | jueves, 10 de septiembre de 2026

Castilllo de Laland, en la región Centro-Valle del Loira, Francia. Fotografía: François Goglins

El canal de YouTube The Chateau Diaries fue creado por Stephanie Jarvis; su primera transmisión ocurrió en septiembre de 2018. El propósito del canal es documentar la remodelación del Castillo de Lalande, construcción del siglo XVI localizada en la región Centro-Valle del Loira, Francia. Jarvis adquirió el castillo con una amiga, con la esperanza de que funcionara como hotel para así recuperar la inversión. En Internet es común encontrar historias de turistas que compran residencias o castillos abandonados a un precio de remate.

El negocio de Jarvis parecía llegar a su fin con la pandemia del covid en 2020, pues el confinamiento terminó con los viajes y el turismo. Sin embargo, comenzó a documentar su vida en Lalande en su canal de YouTube. Las suscripciones aumentaron exponencialmente hasta llegar, en la actualidad, a 299 mil. El éxito de The Chateau Diaries salvó las finanzas de Jarvis, pues no había considerado los gastos que implica mantener y remodelar un castillo. Además, la convirtió en una estrella de Internet, una influencer o “creadora de contenido” cuya cuenta bancaria tiene ingresos gracias a los miles de visitantes, suscriptores, patrocinadores y fans que siguen, día a día, la vida de Jarvis y sus amigos.

The Chateau Diaries no es, por supuesto, el único canal en YouTube que documenta la remodelación de un inmueble y las experiencias de sus habitantes. Siguiendo la fórmula para monetizar la vida privada –explotada poco antes por los llamados reality shows– hay cientos de videos en los que vemos remodelaciones, viajes, restauraciones, recetas de cocina, entre muchas otras actividades. Antes de la pandemia, en 2017, la creadora de contenido china Li Ziqi cobró fama gracias a un canal en el que muestra el proceso de creación de platillos tradicionales de su país. El entorno exuberante del bosque, además del cuidadoso trabajo de edición, música y fotografía, transforman cada video –de poco más de 10 minutos– en una experiencia estética que idealiza las regiones rurales chinas. Los millones de espectadores que se deleitan con las imágenes de Li Ziqi le permitieron ganar mucho dinero con la plataforma y, después, echar a andar una marca de alimentos, además de ser reconocida por el gobierno de su país.

En 2019 el chef Amiraslan Ramikhanov, oriundo de Azerbaiyán, creó el canal de YouTube Country Life Vlog, en el que su madre, Aziza, realiza diferentes platillos de su región –Qusar– mientras se muestra la paradisiaca naturaleza del lugar y la vida rural en el que podemos ver vacas, gallinas, gatos y diferentes tipos de aves. Sobra decir que el trabajo de edición y la estética que transmite es similar al de la creadora de contenido china. Hasta el momento, el canal de Ramikhanov tiene más de ocho millones de suscriptores.

El fenómeno de los canales de YouTube como los que menciono es, por supuesto, un síntoma de nuestros tiempos. El auge de la hiperrealidad no sólo ocurre con la exhibición sin filtros de la violencia en internet. Existe una necesidad de mirar escenas que nos tranquilicen y transmitan sensaciones imposibles de experimentar en las grandes urbes. Encerrados durante la pandemia, las imágenes idílicas del campo en distintas regiones del mundo sirvieron como un placebo, la posibilidad de un modo diferente, casi al alcance de la mano. Sin embargo, la realidad que muestran –en algunos casos retrabajada con infinidad de filtros y ediciones hasta hacerla parecer creada por inteligencia artificial generativa– es una coreografía para los sentidos y, sus creadores, un ejército de personas que luchan por visibilidad en el algoritmo y tratan de adelantarse a cualquier cambio en sus tendencias. Para no perder seguidores tienen que cumplir su principal promesa: ofrecer un espacio en el que el espectador pueda refugiarse. Da lo mismo si es un carpintero remodelando un mueble, una granjera cuidando a unas gallinas o una anfitriona remodelando un castillo y recibiendo huéspedes que, además del pago por pasar la noche en el lugar que vieron innumerables veces en YouTube, se volverán parte del show.

La principal paradoja de la realidad que ofrecen estos canales es la lucha constante por evitarla. La principal intromisión es, por supuesto, cualquier mención a algún hecho que aparezca en los titulares de los medios tradicionales. En algunos canales –los más cercanos a la atmósfera relajante de la música new age y el andamiaje onírico que proponen– la imagen suple cualquier palabra y apenas algunos subtítulos ofrecen contexto. En otros, como The Chateau Diaries, los videos se concentran en las trivialidades de la remodelación del castillo y las excursiones a lugares cercanos, casi siempre turísticos. La idea es mostrar como producto una suerte de microcosmos, un limbo en el que el mundo exterior no se entromete. Stephanie Jarvis, en muchos de sus videos, ofrece una fiesta perpetua con sus huéspedes. En un capítulo documentó una convención de creadores de contenido premiados por YouTube gracias a sus millones de suscriptores.

La experiencia con otros influencers fue la culminación de la dinámica de exhibición de nuestra época: personas grabando a otras personas que también las graban para sus respectivos canales porque se tiene que generar contenido constantemente. En ocasiones un personaje secundario de un canal protagoniza su propia exhibición privada para tratar de alcanzar el éxito mediático. La regla es mantener a raya cualquier cosa que incomode al voyerista que busca confort. A veces la realidad se entromete y sólo queda disimular para mantener el negocio. Los incendios recientes en Francia, además de las olas de calor que han roto récords en el país, cobraron protagonismo en un viaje de Stephanie Jarvis que tuvo que mencionar la situación para sus seguidores. De igual forma, fue imposible disimular el calor –que en algunas regiones de Francia llegó a los 40 grados centígrados– en un castillo que no fue construido para un clima como el que espera esa parte de Europa gracias a la crisis climática. Sin embargo, como la famosa orquesta del Titanic, los músicos deben seguir tocando para la audiencia.

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