16 de agosto de 2017

La Tempestad

También las artes cambian al mundo

04/02/2026

Música

Cinco álbumes contra el algoritmo

Atahualpa Espinosa comenta los discos editados en 2025 que, ausentes en las tradicionales listas, son una oportunidad para abrir los oídos

Atahualpa Espinosa | miércoles, 4 de febrero de 2026

Fotografía de Adam Przeniewski en Unsplash

Desde hace años se acumulan indicios de que las plataformas mayoritarias de música privilegian, en sus recomendaciones y en las reproducciones automáticas, las canciones con estructura y sonido más ajustados a lo convencional, en una forma de homogeneización que busca simplificar la forma en que la música se produce, se distribuye y se “consume” (aunque nadie sepa definir con claridad en qué consiste el consumo en este ámbito). La  inmensa mayoría de las piezas que se ponen a disposición en estos sitios generan ganancias nulas, o casi nulas, para sus autorxs (durante 2025, Spotify pagó cero dólares en regalías por el 88% de las canciones en su plataforma). Con esto se busca colocar en las y los músicos la responsabilidad de crear un “producto” que sea inmediatamente atractivo, con más probabilidades de generarles utilidades de hasta varios centavos de dólar.

A pesar de todo, hay quienes persisten en la insensatez de crear música que escapa a las fórmulas reconocibles (y recompensadas por) estos algoritmos, aun sabiendo que el streaming es, al día de hoy, la vía por la que se obtiene el 84% de ganancias que genera la música grabada. En ningún momento de la historia reciente, como en 2025, había sido tan difícil para quienes hacen música obtener ingresos por ella. En vez de forzar su entrada a través de la estrecha ventana, aceptando sus términos absurdos, hay quienes dan un paso al costado y hacen su música olvidándose de ellos.

En primera instancia, los álbumes reseñados en esta lista van a contrapelo de las recomendaciones más recurrentes que brindan (imponen) los sitios de escucha de uso masivo. Pero, más que una ruta para salir del algoritmo, lo que proponen es una relación distinta con la música, que no pasa por la gratificación inmediata o el escapismo. Además contradicen varias ideas acerca de cómo deberían sonar los discos más representativos de 2025, especialmente a partir de ciertas listas o artículos publicados en semanas anteriores. En un sentido más profundo, estos cinco álbumes proponen una forma de concebir el tiempo en la que el presente y lo que se asoma desde sus bordes no es muy distinto del pasado inmemorial. 

The Oracle

Lea Bertucci

En años recientes no han sido pocas las obras (o proyectos) de artistas experimentales que han tomado la voz humana como elemento central. A medida que la naturaleza (como lugar de lo no-humano) y el sentido de lo místico quedan más lejos del alcance de la memoria colectiva, ese instrumento se ha vuelto una vía de contacto con lo primigenio; al menos para sugerir que se le busca. Muchas de estas incursiones se ven distorsionadas por la disposición del sitio desde el que se hace hablar la voz (un podio) o el personaje que se le construye (grandilocuente y en ocasiones tendiente a lo mesiánico).

Lea Bertucci tiene una trayectoria que le permite esquivar este problema. Como artista sonora, siempre se ha preocupado ante todo por el sonido, algo que al día de hoy no resulta necesariamente pleonástico por culpa de la burocratización del discurso que ha alcanzado a todas las disciplinas artísticas. En The Oracle, su álbum más reciente, explora, además de un instrumento que había aparecido muy poco en su obra, registros que se encuentran lejos de su territorio habitual. Su intención manifiesta es evocar el arco de la civilización, de lo arcaico a lo cotidiano y su ruina contemporánea.

A pesar de que el material para contar esta historia es el sonido más humano, Bertucci parece hacerlo desde un punto de observación supraterreno. El oráculo del título no suena como alguien que forma parte de nuestra especie; su voz es la vez más antigua que ella y posterior a su desaparición. La forma en que la artista la procesa la despoja de connotaciones verbales o incluso de emociones fácilmente reconocibles. Como en el sueño, porciones de significado emergen fugazmente, sólo para disolverse en un magma donde la única constante es lo incorpóreo. 

 

The Awakened Chaos of Ramlak

Ramlak Bmbo

Kamlak Taye es un músico etíope que trabaja fuera de los márgenes de la electrónica categorizable, con unos pocos rasgos constantes: el uso de instrumentos analógicos tradicionales y la referencia a ritmos autóctonos de su tierra. Aunque luego les dé un tratamiento cercano al de algunos estilos de música abstracta de las últimas décadas, las formas variadísimas en que hibrida estos elementos son distintivas, incluso para los parámetros del fértil mapa de la electrónica en el África subsahariana.

Tan distintivas, de hecho, que la primera vez que se escucha The Awakened Chaos of Ramlak no es fácil saber qué está sucediendo. Las formas que adoptan los beats, siempre provisionales, recuerdan más los fósiles o las premoniciones de lo que podría asemejársele la música bailable. La elasticidad con que Taye se mueve entre este ámbito y el de la experimentación pura invalida cualquier caracterización que pudiera hacerse a partir de sus elementos aislados y las familiaridades que podría evocar.

Esta insistencia en ser inaprehensible podría acercarle a artistas como Aaron Dilloway, que no dejan claro si están haciéndonos una broma, con una ambigüedad tan minuciosa que esa duda deja de importar. Cada vez tiene menos sentido especular si una obra quedará para la posteridad (la noción misma de posteridad ha perdido verosimilitud), pero The Awakened Chaos of Ramlak podrá escucharse durante varios años más sin que revele todos sus misterios.

 

The Colour of the Sky

Distraxi

Bajo el alias de Distraxi, la artista de noise industrial Alina Church ha grabado, en pocos años, una discografía abundante, invariablemente brutal. Lo que la distingue de la nutrida lista de autorxs con quienes podría tener cercanía estilística es la dificultad para encontrar puntos de entrada, como pasajes melódicos, además de un sentido acentuado de lo físico, aún para un género en el que su presencia es casi la regla.

En The Colour of the Sky esta vocación se intensifica: parte de grabaciones de coros religiosos que luego distorsiona y satura en variaciones inagotables, para indagar en la historia de la autoflagelación como vía a la contemplación de lo divino, en la tradición católica. El cuerpo, nos hace pensar, dejó de ser habitable y sólo la comprensión de la tortura constante en que se ha convertido nos despeja brevemente la vista hacia lo sublime. La música no se queda ni un poco por debajo de su tema: escucharla puede ser físicamente demandante (como tendría que serlo) y tiene todos los indicios de que grabarla también lo fue.

The Colour of the Sky es, en todo momento, vívido. Su forma de enunciar el castigo no es a través de la mera violencia bruta, sino de un detallismo casi táctil. Este cuidado (hablar de delicadeza parecería absurdo en el contexto de este género, aunque la factura de canciones como “Spirit Through Fire” debe haberla requerido) hace posible que música tan brutal sea también compasiva.

 

Campana Sonans

Jake Muir

El gran sello Enmossed publica música discreta, tanto en su impacto mediático como en el registro sonoro de las obras. Esto último, sin embargo, sólo es cierto cuando se le escucha a volumen bajo y sin atención. Casi todos sus lanzamientos pueden conversar con el ruido ambiental y fundirse en cierta medida con él, aunque escuchados de forma opuesta suelen tener la fuerza de una sentencia sagrada. Ningún álbum lo ejemplifica mejor que Campana Sonans, tanto en la fuerza como en la evocación de lo divino. Jake Muir grabó los tañidos de campanas en catedrales, iglesias y capillas localizadas en varios puntos del mapa europeo.

En su álbum anterior, Bathhouse Blues, registró los sonidos murmurantes de baños públicos frecuentados por la comunidad homosexual. En ese trabajo, gracias al tratamiento cuidadoso de los ecos y a la elasticidad aportada con la mezcla, Muir logró darle una apariencia de música sacra a los sonidos del cruising. En Campana Sonans asumió esta intención de modo explícito, no sólo con el objeto de las grabaciones sino en la narración, por llamarle de un modo, que armó a partir de ellas. Como su registro no buscaba aislar el sonido del instrumento (las campanas) sino tomar el entorno integral en el que surgen, Muir pronto se encontró trabajando con los sonidos de los campaneros, sus voces y gemidos.

La sustitución sistemática de este oficio por métodos automatizados es denunciada ante su próxima desaparición, en forma de un contraste entre la fugacidad de la vida de sus ejecutantes y la búsqueda de lo eterno a través de sus notas. Para acentuar este contraste, Muir añadió una carga fuerte de reverberación y otros recursos, hasta lograr algo que se volvió inconciliable (por rebasarla) con la cosmogonía católica a la que comenzó homenajeando: la evocación de un tiempo que desbordaba los confines de la institución a la que pertenecían las campanas. Los tañidos se diluyen en un ruido de fondo, del que vuelven a emerger evocando un tiempo cíclico en el que hay algo posterior al derrumbamiento de la iglesia como construcción física e institución, así como algo más arcaico de lo que ella emergió. 

 

Aura Seminalis

Lalén Ríos Luna

Lalén Ríos Luna es el heterónimo de un enigmático artista (¿el puertorriqueño Jaime Rodríguez?) que se encuentra en el centro de Porous Collective. La información disponible públicamente del sello y de los álbumes lanzados bajo ese alias es muy escueta, y esa parquedad empata bien con la abstracción a la que tiende su música, que parece haber sido excavada por dentro hasta formar una caverna, y acentúa la multiplicidad de lecturas que pueden hacerse de ella.

Este sería un rasgo ocioso si las obras fueran vagas o inclinadas a facilismos, pero los pasajes lúgubres que nos hacen recorrer, especialmente en los dos discos publicados a nombre de Ríos Luna el año pasado, no se dejan presenciar con desapego. En Aura Seminalis las piezas breves (la mayoría) se ensanchan más allá de lo que debería permitir un lapso de dos minutos. En la que da título al álbum, mucho más extensa, se pierde la noción del tiempo fácilmente, o de plano se olvida el tiempo lineal.

Las breves notas que acompañan al álbum (en un parafraseo que le quita los matices valiosos) hablan de la inmersión en la oscuridad absoluta como única forma de asomarse a lo trascendente, aunque el extravío que induce vuelve irrelevante la diferencia entre luz y oscuridad (podríamos encontrarnos en cualquier extremo del espectro). Y como los anteriores de esta lista, Aura Seminalis es marcadamente contemporáneo al evocar lo primigenio.

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