16 de agosto de 2017

La Tempestad

También las artes cambian al mundo

09/10/2026

Cine/TV

Cine y política: Julian Radlmaier y la AfD

A propósito de ‘Phantoms of July’ (MUBI) y los dilemas críticos de las películas del cineasta alemán, escribe Juan Francisco Herrerías

Juan Francisco Herrerías | viernes, 9 de octubre de 2026

Fotograma de ‘Phantoms of July’ (2025), de Julian Radlmaier

Rl domingo 6 de septiembre vimos la entrega más reciente de Julian Radlmaier, Phantoms of July (2025). En comparación con sus otras cintas resulta un ejercicio más discreto, evocador, un trabajo de atmósfera, de lentos recorridos. En la película, tres personajes se reúnen en un tierno escape de la ley: una mujer alemana que cometió un robo por amor, una estudiante de cine iraní que busca sobrevivir como influencer y un hombre coreano que da tours alternativos en su vagoneta y esconde a un niño sin papeles. La acción ocurre en Sangerhausen, en Sajonia-Anhalt. Al terminar la película nos enteramos de que el partido de extrema derecha, Alternative für Deutschland, acababa de ganar las elecciones en la región ese mismo domingo, apenas unas horas antes.

No habíamos visto Phantoms of July por esa razón, no era un cineclub politizado, no sabíamos que Alemania tenía comicios ese domingo: la habíamos elegido tras la fatiga de pasar por cientos de recuadros similares y tráilers anodinos en distintas plataformas. En entrevista, Radlmaier explica que escogió Sangerhausen precisamente por hallarse en una región con una fuerte tendencia a la ultraderecha. Las pistas habían estado en la película, en las constantes intromisiones de la policía para pedir documentos, en las reacciones poco amables o de plano agresivas que los locales tenían con los migrantes. Nos quedó la sensación de haber estado hablando por horas con una persona simpática y sólo al final darnos cuenta de que lidiábamos con un fascista.

El cine de Julian Radlmaier se caracteriza por incluir discusiones teóricas sobre lo político en una manera directa, con un humor que roza la caricatura y la astucia. Es una suerte de Jean-Luc Godard más dulce. En Chupasangre. Una comedia marxista de vampiros (2021), por ejemplo, la rica propietaria de la fábrica del pueblo es una vampiresa que aterroriza a la población y que un día se enamora de un actor ruso que posa como un barón refugiado de la revolución bolchevique. Mientras la trama de misterio avanza, asistimos a las sesiones del círculo de estudio de El capital que organiza un grupo de trabajadores de la fábrica, quienes se preguntan si Marx hablaba literalmente cuando decía que los capitalistas son como vampiros.

En Autocrítica de un perrito burgués (2017), un director de cine quebrado –representado por el propio Radlmaier– se ve obligado a trabajar en una granja de manzanas y, para seducir a una mujer, finge que todo es un proyecto de investigación para su siguiente película. A lo largo del filme los trabajadores hacen lecturas grupales de Tolstói antes de dormir, discuten sus condiciones laborales, reciben la visita de un mudo Francisco de Asís, y deciden irrumpir en la Historia: tomar la granja y administrarla como una cooperativa. El cineasta, que se define a sí mismo como anticapitalista y se porta como un radical frente a la mujer, se demuestra al final conservador: prefiere que todo permanezca igual, que la granja sea capitalista, porque lo único que desea es recibir su pago y hacer películas.

Phantoms of July no comparte esta puesta en escena de discursos teóricos radicales, pero podemos notar que sigue siendo cine político. La cinta empieza con el drama de una sirvienta en un castillo; su amante y ella roban un par de caballos para tratar de llegar a Francia, donde la Revolución ha estallado y, según dicen los rumores, no hay más diferencias de sangre entre las personas. De allí damos el salto al tiempo presente, donde dramas similares siguen ocurriendo: entre las imágenes de paisajes yermos, restaurantes kitsch, monumentos excéntricos y la presencia ubicua y dominante de una vieja mina, vemos cómo los deseos de las personas sencillas, su búsqueda de una vida feliz y digna, chocan con un entorno hostil, con las relaciones de propiedad, con el peso de lo real.

Contra la máxima estadounidense del show, don’t tell, lo más interesante en los filmes de Julian Radlmaier es precisamente cómo se atreve a decir, a poner en primer plano la pregunta por la potencia política del arte, el deseo de que el arte pueda transformar las cosas. No se le puede acusar de tener una visión ingenua de las relaciones entre cine y política, porque ésa es la misma discusión que ocurre en sus cintas. Sin embargo, y como es una zona llena de contradicciones y trampas, tampoco podemos agradecerle que haya resuelto la cuestión. Su logro es, precisamente, poner la paradoja en evidencia y en el centro.

La obra de Radlmaier es un producto especializado, un comentario destinado a los colegas y no un artefacto de propaganda masiva que vaya a provocar un cataclismo en la realidad. Pero, en el panorama actual, ya es de agradecer una película que se atreve a pensar, que discute y reflexiona, que se afana por desplegar esa pregunta –la “herida que no para de sangrar”– en las mentes de otros cineastas, artistas y trabajadores de la cultura.

Como se sabe, uno de los grandes errores históricos de los partidos de izquierda en Europa y Estados Unidos en el siglo XXI fue su alejamiento de la clase trabajadora, haberse vuelto los representantes del sector financiero y de las élites biempensantes. Phantoms of July quisiera actuar como un correctivo: en la toma que se usó para el cartel de la película aparecen alemanes pobres y personas migrantes dormidos lado al lado, como si en el sueño se tendiera esa correcta alianza política. Menos de un año después del estreno del filme llegaron los resultados de la elección, que destrozan esa imagen. Otra vez, la realidad parece decir que el coto del arte, tanto más en una película independiente, es el de la impotencia, pero, como dice el propio Radlmaier en Autocrítica de un perrito burgués –aunque esa declaración, como él mismo sabe, corra el riesgo de la inacción y la comodidad contemplativa– “la tarea del arte es mantener viva la utopía como forma”.

Notas relacionadas

Cine/TV

El toque Ozon

Carlos Rodríguez analiza ‘Frantz’, con la que François Ozon resurge como cineasta de primer orden.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Cine/TV

Genealogías del cine palestino (parte 2)

Sergio Huidobro esboza la difícil historia del cine palestino, miradas singulares atrapadas en un territorio ocupado; segunda de dos partes

miércoles, 22 de mayo de 2024

Cine/TV

Confirman a los protagonistas de ‘True Detective’

Los actores Mahershala Ali y Stephen Dorff llevarán los roles principales en la nueva entrega de la serie de Nic Pizzolatto.

jueves, 4 de enero de 2018

Optimized with PageSpeed Ninja