16 de agosto de 2017

La Tempestad

También las artes cambian al mundo

01/06/2026

Literatura

El poder de la ‘Pústula’

Elena Piedra reseña la segunda novela de Juan Francisco Herrerías, con la que delinea un espacio propio en la narrativa mexicana

Elena Piedra | lunes, 1 de junio de 2026

Cortesía de Uróboros

El traidor, el mentiroso, el violador sin culpa. Todo crimen, porque demuestra que la ley flaquea. El odio que sonríe o abraza. El cadáver visto sin Dios, fuera de la ciencia, la muerte infestando la vida. En Poderes de la perversión (1980) Julia Kristeva enuncia esas imágenes para explicar el rechazo visceral con el que reaccionamos a lo que perturba el orden y los límites que asociamos a la condición humana. Abyecto, dice, es algo rechazado de lo que uno no se separa, de lo que uno no se protege de la misma manera que de un objeto. Extrañeza imaginaria y amenaza real que nos llama y termina por sumergirnos. Curiosidad que nos lleva hacia donde sabemos que no queremos ir, porque promete lo mismo asco que horror o deseo.

¿Por qué Pústula?, pregunto a su autor, con interés, antes de haberlo leído. Un pequeño animalito ponzoñoso, responde Juan Francisco Herrerías, mientras me entrega un libro que, como objeto, es todo menos repulsivo. Su voz es suave, incluso tierna, pero el gesto malicioso que le curva la boca lanza el anzuelo de la intriga.

Abyección, dorada pus, al acecho.

El horror en Pústula no emana de lo desconocido, sino de la configuración de lo siniestro: es la realidad doméstica que, al revelar lo que subyace, confirma nuestras sospechas más atroces. No es el miedo a lo desconocido, sino la angustia ante la inminencia de lo real. La novela echa luz a las cloacas de la vida cotidiana. Y lo hace así, con voz suave y sonrisa maliciosa, obligando, poco a poco, a ver lo que no se quiere; lo que, sospechando que trastocará nuestro orden, solemos esquivar para seguir ignorándolo. Pero está ahí. Una violencia terrible, sin fondo, de la que somos conscientes –y parte– y que, por ello, no acaba de sorprendernos.

La trama: Saúl, un joven mesero, fanático de la música celta y los juegos de mesa, desaparece después de una fiesta. El escenario: una –entre las millones que hay– Ciudad de México. El tema se escapa detrás de un elemento que se vuelve primordial en la experiencia de lectura: la narración que entra y sale, de personaje en personaje.

El pensamiento inquieto, sinuoso y ensimismado de una investigadora va recogiendo el conjunto de relatos de las desapariciones. Un trompetista de esquina, una mujer que se supera a sí misma en clases de jiu-jitsu, un neoyorquino que huye de un rompimiento amoroso al paraíso de los nómadas digitales y otros tantos. Estos relatos se presentan a través de historias cortadas, con tonos propios, que van creciendo la tensión y el reflejo que nos acerca a la humanidad de las víctimas conforme el número de páginas avanza y la recursividad nos recuerda que el o la siguiente podría ser cualquiera, que el horror llega por donde menos se espera, cuando al fin todo iba bien, cuando pensábamos que ya nada podía ser peor.

Pero siempre puede ser peor.

La tensión de Pústula se libera en una explosión horrorosa que transgrede lo mismo el texto que la conciencia. La violencia se manifiesta en la novela en los planos ético y estético. La pústula deja de ser una metáfora biológica para convertirse en una “amenaza real que nos llama y termina por sumergirnos”. La novela nos obliga a mirar la crueldad, el absurdo, la brutalidad, la crudeza, la realidad, además de las razones de la violencia que nos envuelve. La narración gira el ángulo del espejo y, de golpe, comenzamos a reflejarnos, ya no en las víctimas sino en quienes sobre el cuerpo –o las vidas– de ellas encuentran sosiego; la marginación los ha deshumanizado.

Insoportable. Abyecto.

El relato se vuelve una fosa, un hueco en el estómago con pedazos de texto enterrados, imágenes de vidas desmembradas. Cruzamos el espejo y, mediante las palabras, nos hundimos en él.

Asco, horror. Tal vez deseo.

La Pústula ponzoñosa de Juan Francisco Herrerías se siente con todo el cuerpo, como una conciencia infecciosa que se expande.

Juan Francisco Herrerías, Pústula, Uróboros, México, 2025

Comentarios

Notas relacionadas

Literatura

John Berger, mientras tanto

‘Panorámicas’ (Gustavo Gili) recoge un conjunto variado de ensayos, relatos e incluso poemas breves del escritor inglés, fallecido en 2017

jueves, 12 de septiembre de 2019

Literatura

El Metro, vehículo de una literatura subterránea

A.W. Strouse rastrea las representaciones literarias del último vagón del Metro capitalino, lo mismo en Novo que en Huerta y Pacheco

jueves, 15 de junio de 2023

Literatura

Escuchar a Hebe Uhart

A punto de cumplirse dos años de su fallecimiento, este texto recuerda las lecciones de la gran narradora argentina Hebe Uhart

jueves, 1 de octubre de 2020

Optimized with PageSpeed Ninja