07/01/2026
Literatura
Sobre ‘Dinámicos atrevidos’
La antología de Inti García Santamaría publicada en Perú por El Pasto Verde Records invita a Hugo García Manríquez a recorrer su poesía
Inti García Santamaría. Fotografía: Instagram @fielalatierra
En un mundo (poético y comunicativo en general) que parece avanzar bajo la consigna “figuración, comunicación o muerte”, Inti García Santamaría (Ciudad Nezahualcóyotl, 1983) ha apostado desde el inicio por otras banderas. De ahí que haya que celebrar que a un poeta como él –que se ha mantenido al margen de los reflectores del mundo literario– le sea dedicada una antología en otro país. Dinámicos atrevidos (El Pasto Verde Records, Arequipa, 2025) recopila material construido durante más de dos décadas.
El volumen comprueba que desde su primer libro, Corazoncito (2004), la voz poética de García Santamaría ya poseía una madurez notable. En poemas como “Estival” su voz y su fraseo son enteramente propios. En la figura del “niño autista” el poemario articula un ángulo particular desde el cual explora la brecha entre el mundo y el lenguaje: “El niño autista canta / con harapos en la garganta”. Para su segundo libro, Hasta aquí nada pudo separarme del cielo (2010), el solipsismo de Corazoncito da paso a un diálogo con un tú, lo que abrirá una nueva dimensión en su poética. Su extenso “Las estrellas brillaban hasta abajo” es uno de los mejores poemas de ese período:
La carretera cruza
la arena donde un calendario astral
se extiende por kilómetros
en figuras gigantes
donde brillan porque no brillan la ballena,
el mono, el cóndor, el colibrí,
la iguana, donde brillan porque no brillan,
la araña.
La carretera
cruza el geoglifo gigante de la iguana
y es la carretera un geoglifo gigante
cruzando todo nuestro continente.

El mundo entra al poema con un lenguaje llano y directo, como espoleado por el deseo de registrar una realidad inmediata. Ahora la interlocución (implícita) es posible gracias a ese tú con el cual la voz poética buscará vincularse una y otra vez:
Te debo,
porque lo jugamos a la suerte,
una cantidad más
y más
y más grande
de poemas
y más.
Le estoy apostando a viajar contigo.
Le estoy apostando a dibujar para ti.
En 2018 aparece Évelyn, libro que quizá marca el mayor reacomodo en la obra de Inti García Santamaría. Es como si un malestar que no se había formulado del todo lograra finalmente articularse; ese reacomodo, me parece, posee un carácter ético y una dimensión política. A partir de Évelyn la poética de García Santamaría insiste en la autonomía del poema respecto al inmediatismo literario: “Un poema que renuncie, en primera instancia, a la visibilidad. Un poema que no responda al juicio de las redes”. Un deslinde de un estado de cosas y un posicionamiento que en algunos momentos se lee como un arte poética: “Ante la velocidad a la que corre la información, el poema debe oponer su propio ritmo”.
Ante la pregunta ¿cómo estar cerca de la poesía?, parece responder introduciendo distancia: “Mi proyecto de escritura consiste en pasar gran parte del tiempo en el trayecto para llegar a”. ¿Distancia de qué? De la visibilidad de los premios, de las redes, del poema como medio y no como fin: “Me interesa el poema que, más que buscar sumarse a lo ya dicho, apuesta por decir lo por decirse, lo que no se puede decir”. Y en otro momento leemos: “Con frecuencia pienso en escribir un poema que hable de Ciudad Neza”. De alguna manera, Inti García Santamaría ya escribió ese poema, un libro entero que se llama, precisamente, Évelyn.
Me interesa identificar los mecanismos que hacen que una persona se sienta avergonzada de decir que vive en una zona marginal. Me interesa reconocer los discursos que influyeron para que tardara 34 años antes de escribir Ciudad Nezahualcóyotl en mi ficha biobibliográfica.
En Azúcar impalpable (2022) continúa interrogándose sobre los límites de su práctica poética: “el poema / ¿qué ignora, con qué /es omiso?”. Ante la curaduría de la realidad, la poesía sobrevive justamente en aquello que la mirada contemporánea prefiere ignorar: “ciudades sobrepobladas, / casinos, / un llano lleno / de basura”. No se trata de un gesto menor; es un posicionamiento que retoma la máxima socrática para reescribirla: una poesía sin examinar no vale la pena ser escrita.
El deseo de explorar lo omitido abre nuevos territorios, en este caso la historia, como en “Sad sierreño del corrector de estilo”, uno de sus mejores poemas:
Quise escribir sobre el asalto bancario
que ocho jóvenes guerrilleros
realizaron el 30 de octubre de 1970,
pero tuve que corregir
una serie de notas sobre el programa de puntos
de la tarjeta de lealtad de una aerolínea.
Quise escribir sobre los disfraces,
las pelucas, la ropa de colores,
que usaron los militantes del Frente Urbano Zapatista
durante su incursión en el banco de avenida Coyoacán,
pero tuve que corregir una serie de notas
sobre créditos para empresas.
La prensa condenó la participación de mujeres.
El grupo fue detenido quince meses después.
Quise escribir sobre un operativo insurgente,
pero tuve que corregir contenido institucional.
Entre las demandas del subempleo y el deseo de dialogar con nuevos materiales –la historia de las guerrillas urbanas–, García Santamaría captura y expone las tensiones con una gran fluidez, mientras deja en el aire lo que parecen ser posibles rutas para sus próximos libros.
Si el Bildungsroman tuviera hoy una poética, esa sería en gran parte la de Inti García Santamaría. Hay algo en sus poemas que deriva su particular fuerza de los años formativos; quizá porque en ellos conviven el descubrimiento, la desilusión y la maravilla. El lenguaje se manifiesta como el Gran Desconocido, a la par de los grandes Otros: la persona amada y las palabras, los animales y el infinito cielo estrellado, los cangrejos malaquitas y las líneas de Nazca.
En una entrevista, el novelista Juan José Saer señalaba que ahí donde se encuentre un escritor, ése es el centro de la vida literaria. “Se puede estar en la ciudad o en el campo, presentar un libro o negarse a todo tipo de presentación y seguir estando en el centro de la vida literaria”. Desde un rincón, desde fuera del país o ajeno a los reflectores, se puede hacer una literatura que importa. La obra de García Santamaría muestra justamente que es posible –y necesario– trabajar a partir de la distancia, el silencio y la reflexión.
Conozco a Inti desde hace unos veinticinco años (cuando coincidimos por primera vez en un taller impartido por el poeta Raúl Renán) y desde entonces me he preguntado de dónde vino su poesía, tan madura desde el inicio, acompañada siempre por su reticencia a decir. Pero de lo que estoy seguro es que con Dinámicos atrevidos. Selección de poemas, 2001-2025 se comprueba un punto, para mí, fundamental: su poesía no tiene antecedentes en México.