21/07/2026
Artes visuales
Cristina Umaña Durán: espacio y respiración
Gabriela Gorab conversó con la artista colombiana, que exhibe ‘Los tiempos del aire’ en Arte Abierto Pedregal, en la Ciudad de México
Cristina Umaña Durán dentro de una de las piezas de su exposición ‘Los tiempos del aire’, Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Guadalupe Salcedo
En Los tiempos del aire, exposición en la galería Arte Abierto Pedregal, Cristina Umaña Durán (Bogotá, 1993) convierte la respiración en materia escultórica y en una forma de medir aquello que, por invisible y efímero, suele escapar a nuestra percepción. A través de grandes estructuras inflables que se expanden, se contraen y parecen respirar, la exposición explora la fragilidad del cuerpo, la tensión entre presencia y ausencia y la manera en que el tiempo puede hacerse perceptible a través de sus pausas. En esta conversación, la artista colombiana radicada en México habla sobre la experiencia de la apnea que detonó las piezas y de su interés por crear espacios ambiguos, donde lo familiar se vuelve extraño y cada visitante encuentra su propia relación con el aire, el cuerpo y el tiempo.
En Los tiempos del aire la respiración aparece no sólo como una función biológica, sino como una medida emocional y política del tiempo. ¿En qué momento entendiste que respirar podía convertirse en un lenguaje escultórico y poético dentro de tu práctica?
Hace varios años me dijeron que mi hermana iba a entrar en apnea. Apnea significa ausencia de respiración. El cuerpo empieza a apagar los sistemas no vitales para conservar energía, provocando pausas respiratorias cada vez más largas hasta que finalmente se detienen por completo. Durante tres, cuatro o cinco minutos mi hermana dejaba de respirar y después hacía un suspiro muy profundo. Esa experiencia me hizo ver el aire como un material. Si no había aire, había pausa; su vida estaba en pausa. Era una manera de alargar el tiempo, de seguir vivo pero suspendido. Lo que me impactó fue esa sensación de fragilidad, de hilo, de tensión constante. El tiempo se alarga por esa pausa, no sabes si va a exhalar y va a volver a inhalar o si esa va a ser su última exhalación. Esa fragilidad me puso a ver el tiempo.
“La experiencia de la apnea y la necesidad de ocupar ese espacio se unieron para hacer esculturas inflables que respiran, que están en el borde, que cambian de estado y generan tensión. Si no hay aire es un pedazo de tela”: Cristina Umaña Durán
Hice el primer inflable para una exposición en El Arenero, en Ciudad de México. Era un espacio que medía 33 metros de largo y tenía un techo de sólo dos metros de altura. Era el sótano de una construcción grande sobre Reforma y parecía que uno estuviera en las tripas del edificio. Quería llenar el espacio y pensé en hacer un cuerpo atrapado ahí dentro. Una manera de llenar el espacio era usando el aire como material. La experiencia de la apnea y la necesidad de ocupar ese espacio se unieron para hacer esculturas inflables que respiran, que están en el borde, que cambian de estado y generan tensión. Si no hay aire es un pedazo de tela. Me interesa que estos inflables produzcan una sensación difícil de nombrar, donde uno no termina de entender qué está ocurriendo, pero sí puede quedarse observando algo que normalmente parece imperceptible.

Vista exterior de la exposición Los tiempos del aire, de Cristina Umaña Durán, en Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México. Fotografía: Guadalupe Salcedo
Hay algo profundamente contradictorio en tus piezas: son suaves, inflables y aparentemente lúdicas, pero al mismo tiempo evocan órganos, heridas, fragilidad e incluso ansiedad. ¿Qué te interesa de esa tensión entre lo íntimo y lo inquietante?
Me gusta que las piezas estén en el borde entre lo familiar y lo extraño. Que algo pueda sentirse cercano y al mismo tiempo producir incomodidad. Como el cuerpo mismo. Es extraño y frágil, pues es de uno pero también pero también es otro. Es una máquina dentro de uno que realmente no conocemos.
El título de la exposición en Arte Abierto Pedregal retoma una expresión popular colombiana, vinculada a un episodio histórico y sonoro de Bogotá. ¿Cómo dialoga tu muestra personal con esa memoria colectiva? ¿Qué significa para ti ese uso del sonido y del aire en el contexto de la Ciudad de México?
“Me interesa que las piezas estén siempre cerca del colapso, que exista una tensión constante. Que se hinchen hasta casi estallar y después puedan desinflarse también, hasta que se succione todo el aire. Hay algo muy frágil en depender del aire para sostenerse”: Cristina Umaña Durán
La expresión colombiana es “los tiempos del ruido” o “el año del ruido”, y se refiere a un ruido que se oyó en 1687, pero, más que eso, a un mito que ocurrió hace muchos años. Para mí, más allá de la frase, el título tiene que ver con una pregunta sobre cómo medir el aire. El aire es un material que se escapa. ¿Cuánto tiempo dura el aire como material? ¿Cuánto tiempo dura el aire dentro del cuerpo? Más allá de la física, ¿cómo se mide el aire? Hay algo intangible, efímero y volátil en eso, y es lo que realmente me interesa. Una vez hecha la instalación nos dimos cuenta de que el sonido de los motores parecía anunciar algo. Como si una tormenta se avecinara, como si anunciara la llegada del aire. Eso también empezó a tener sentido con el título de la exposición.
En vez de hablar del aire sólo físico, tus obras parecen evidenciar su dependencia y vulnerabilidad. ¿Te interesa pensar estas esculturas como organismos autónomos o como extensiones emocionales del cuerpo humano?
Me interesa que las piezas estén siempre cerca del colapso, que exista una tensión constante. Que se hinchen hasta casi estallar y después puedan desinflarse también, hasta que se succione todo el aire. Hay algo muy frágil en depender del aire para sostenerse. También me interesa que el espacio se modifique mientras eso ocurre. El tiempo empieza a percibirse a través de esos cambios: una pieza que crece ocupa más espacio, respira y después pierde fuerza.

Vista de la exposición Los tiempos del aire, de Cristina Umaña Durán, en Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México. Fotografía: Guadalupe Salcedo
Tu trabajo parte muchas veces del dibujo y la escritura antes de convertirse en instalación o performance. ¿Qué ocurre en ese tránsito de lo íntimo y bidimensional a la experiencia espacial e inmersiva para el espectador?
Creo que es una mezcla de cosas. Para mí el dibujo es como un oráculo que me va diciendo hacia dónde ir. Muchas veces aparece antes que la obra y me permite encontrar imágenes o intuiciones que todavía no entiendo del todo. Después, cuando me invitan a un espacio, la obra termina de cobrar forma. Me parece muy importante que la pieza esté cómoda en un lugar, entender cómo se comporta ahí y qué relación establece con la arquitectura. En este caso, por ejemplo, es una obra enorme e hinchada dentro de un centro comercial, un lugar donde la gente va a comprar, a consumir y, de alguna manera, también a hincharse de marcas. Me interesa esa relación.
“Casi siempre trabajo con tela porque es un material que existe entre el dibujo y la escultura. Recibe la línea y la imagen, pero también puede ocupar un espacio y convertirse en cuerpo. Me gusta porque es bidimensional y tridimensional al mismo tiempo”: Cristina Umaña Durán
Casi siempre trabajo con tela porque es un material que existe entre el dibujo y la escultura. Recibe la línea y la imagen, pero también puede ocupar un espacio y convertirse en cuerpo. Me gusta porque es bidimensional y tridimensional al mismo tiempo.
Tus piezas parecen respirar juntas, casi como en una coreografía colectiva. ¿Cómo piensas la relación entre silencio y diferencia dentro de la instalación? ¿Te interesa que el público entre en ese ritmo corporal o prefieres que cada visitante encuentre su propia respiración dentro de la obra?
Me interesa que el público se sorprenda y que no haya una única lectura de las cosas. También me interesa que los cambios dentro del espacio sean casi imperceptibles. A veces las personas sólo se dan cuenta de que la pieza está respirando cuando el inflable las toca o las empuja ligeramente. Hay gente que piensa que es un juego, otras personas me han dicho que les da claustrofobia o miedo entrar, y otras se sorprenden por la monumentalidad de las formas.
No me interesa que el público entre en un ritmo específico ni que tenga una experiencia determinada. Me gusta que la obra no termine de explicarse y que cada persona construya una relación diferente con ella.

Vista exterior de la exposición Los tiempos del aire, de Cristina Umaña Durán, en Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México. Fotografía: Guadalupe Salcedo