16 de agosto de 2017

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28/10/2026

Cine/TV

Apuntes sobre ‘Heil Jupiter!’

Carlos Reygadas estrenó en México su sexto largometraje de ficción dentro de la programación del FICM; Everardo Felipe anotó sus impresiones

Everardo Felipe | miércoles, 28 de octubre de 2026

Fotograma de ‘Heil Jupiter!’ (2026), de Carlos Reygadas

Heil Jupiter! (2026), sexto largometraje de ficción de Carlos Reygadas, confirma la inquietante habilidad del autor para compartir ideas crueles y conmovedoras sobre un mundo que va en picada, pero en el cual abunda la belleza, el amor y el deseo. Estrenada en México hace unos días durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, la cinta es una ráfaga de maneras de hacer cine, de generar impresiones sobre el tiempo y de ubicarnos en espacios de reflexión y anestesia. Ya lo dice su ficha: Heil Jupiter! muestra a cuatro amigos que atraviesan el tiempo y el espacio, encontrándose en diversas encarnaciones, escenarios y roles sociales. Ya la verán ustedes. Mientras tanto, seis apuntes sobre mi experiencia en aquella función.

1

Siempre he encontrado un momento Murnau en las películas de Carlos Reygadas, ya sea una cámara que mira el mundo con la libertad de una alfombra mágica, un desvanecimiento que yuxtapone un mundo de juguete con uno de brutalidad, una lluvia sin fin que replica el ánimo de los amantes atormentados por la culpa. En Heil Jupiter! un demonio negro abraza al mundo. 

2

La película es fundamentalmente una sinfonía, donde los temas recurren y se enredan para generar la sensación de movimiento y donde los movimientos tienen cada uno su temperamento particular. Carlos Reygadas presenta un gigantesco diamante de mil secciones, unas diáfanas, otras en bruto; todo en función de un gran tema originario: el cuerpo. Específicamente la dualidad entre cuerpo y expresión, donde la subjetividad es más abierta y polifónica. La propia película es un cuerpo enrarecido, una composición de fracturas, el pegamento de un corte a otro es a veces lógico, según las reglas propias de la composición, y a veces es un enigma. A propósito del pegamento, hay mucosa en las imágenes, mucha viscosidad, conceptual y material, lo cual me hace pensar en las reflexiones de Mike Kelley sobre películas de horror como La mancha voraz (1988) o La cosa del otro mundo (1982) y en la posición que tengo en una sala de cine: estoy dentro del vientre, a punto de ver un nuevo mundo sobre la pantalla. La mucosa nos rodea y al verla nos provoca una regresión que nos deja susceptibles al espanto. 

Las primeras imágenes de Heil Jupiter! son indeterminación de lo real, figuras sin sentido, exposición al color, lenguaje sin código, sonido saturado, demasiada luz y, luego, el mar, las ninfas jugando en el agua del Rin, pianísimo, mi bemol. La cámara flotando sobre el mar, el cuerpo flotando como un bebé. Un relato erótico en un idioma extraño. Agua y viento, aviones a la velocidad del sonido. “Capitán DAS, ¿qué cree que hace?”, ahora estamos en una película de acción donde un piloto rebelde no quiere obedecer al cuartel general y genera su propia misión: observar el mundo. Vemos el bosque en fuego, la montaña de hielo, la tierra. En varios momentos incluso me convertí en el piloto de ese jet. 

Heil Jupiter!

Fotograma de Heil Jupiter! (2026), de Carlos Reygadas

3

Hay muchos lentes para ver las cosas y cada uno tiene su función y su ideología. Las primeras cámaras no necesitaban lentes, un simple orificio con un obturador de algún tipo (el dedo mismo o la nariz) podría haber funcionado. Pero hemos logrado enrarecer la mirada: ¡hurra! Lo que empezó como curiosidad (mira qué extraña es esa luz que se cuela por el orificio y replica, volteado, el paisaje allá afuera de la cueva) se convirtió en un juguete de alto impacto ideológico, capaz de convertir a alguien en rey, en führer o, mejor aún, en estrella y hasta establecer la hegemonía del pensamiento científico mostrando lo verdadero, lo que tiene bien definidos sus contornos 4K. Ahora es un arma del fascismo de Estado, la denigrante herramienta a través de la cual se nos ha robado la libertad, el derecho a no ser nadie. ¿Cómo habla la película sobre esto? Con lentes, con cambios de cámara, diagramas militares sobre los encuadres, cambios de calidad de imagen, glitch, material de diagnóstico médico y diseño digital. Pero también con las decisiones propias del lenguaje, recordemos que al director le gusta operar la cámara y moverla como si bailara con ella un vals locuaz a través del infierno, ya una multitud furiosa de gente, ya entre párvulos estudiantes. 

4

La progresión del relato o, mejor dicho, del itinerario orquestal nos lleva del descubrimiento del mundo al descubrimiento del odio, la pasión y la brutalidad, de lo animal a lo social, del contacto con Dios al contacto con la ley humana, del violento expresionismo al hosco costumbrismo; somos un Parzival desencantado que busca a Klingsor para golpearlo con un bate. Y, para ser sensibles a una trayectoria tan abyecta, debemos saber disfrutar las modulaciones, las aberraciones, darle sentido al ruido; no hay que fijarse demasiado en lo que solemos llamar historia sino en la psicología de los que aparecen ahí gritándose majaderías, chupándose las tetas, tasajeando miembros tasajeados, requiriendo la objeción sobre el testimonio –absurdo– del acusado sobre el estrado.

Heil Jupiter!

Fotograma de Heil Jupiter! (2026), de Carlos Reygadas

5

Castigar y vigilar. La voz robótica de Daphne (al parecer una computadora, menudo emblema de la castidad eterna como lo fue el laurel para los griegos) recuerda la voz de Alpha 60, que persigue a Lemmy Caution por toda la ciudad en Alphaville (1965), la película de ciencia ficción de Jean-Luc Godard. La voz aparece tirando misiones a los personajes, que obedecen sus mandatos como si tuvieran que ganar en un videojuego, quizás uno diseñado por Philip K. Dick, H.P. Lovecraft o John le Carré. Género: horror transhumanista. Estudio desarrollado: caosmosis. Carlos Reygadas comentó tras la función: “Dios no ha muerto como dijo Nietzsche”. Y es verdad, nos vigila. 

6

Ustedes tienen razón: ésta no es una película para cualquiera, ni siquiera para cualquiera que simplemente la quiera ver. Sería como abrir el cofre de un automóvil y querer entender la carburación. Se trata de una obra cifrada para los que puedan desintegrar las convenciones y armar sus propias naves fuera de este mundo.

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