16 de agosto de 2017

La Tempestad

También las artes cambian al mundo

16/08/2026

Artes escénicas

Epifanías poéticas de la danza

‘Teopoéticas del cuerpo’ (Ediciones Ibero), de Ángel F. Méndez Montoya, piensa la danza como provocación de reflexiones teológicas

Kathya Andrade | miércoles, 6 de mayo de 2026

Pina Bausch and common ground[s] por Malou Airaudo y Germaine Acogny, ‘La consagración de la primavera’, St. Pölten, 2021. Fotografía: Maarten Vanden Abeele. © Pina Bausch Foundation

El Verbo se hizo carne” se refiere a la palabra como autoexpresión de Dios1 en el mundo, movimiento divino encarnado y unión entre lo divino y lo humano. Es también la manifestación de una corporalidad que se autorrebasa y de un (conjunto de) cuerpo(s) que se moviliza gracias a un impulso integrador y abrazador, que puede otorgar una experiencia muy parecida a la que ofrece la danza.

El cuerpo danzante es un cuerpo que se piensa a sí mismo al tiempo que se mueve, se escucha y se reconoce en el pulso y la respiración. No es sólo un espacio de exploración artística, sino también un territorio sensible que permite indagar en lo emocional e identitario, pues se explora, se afecta y se construye. Por otro lado, la danza, al igual que el impulso divino, conlleva un excedente que se convierte en una suerte de quiasmo que provoca la unión del yo con el Otro, del cuerpo con el espíritu, del aquí con el ahora. Así, el cuerpo se convierte en el punto de encuentro entre el deseo humano y el deseo divino, a la vez que de(vela) lo ausente.

“Ser-tocado significa ser-movido”, afirma Ángel F. Méndez Montoya en su libro Teopoéticas del cuerpo: la danza, la teología filosófica y las intermediaciones de los cuerpos (Ediciones Ibero, 2022). Partiendo de la obra de la coreógrafa alemana Pina Bausch y de la pieza Un violador en tu camino, del colectivo feminista chileno LasTesis, la danza y la teología se encuentran en el ser (poesis) y el hacer (poiesis) de un cuerpo entendido como creación y resonancia.

teopoéticas

A lo largo del libro, Méndez Montoya se desplaza entre y alrededor de la idea de la danza como provocación de reflexiones teológicas. Además de recordar que el cuerpo que danza ha sido desde tiempos remotos un puente hacia lo sagrado y un lugar de encuentro con lo espiritual, el autor busca crear un entramado entre la danza, lo humano y lo divino. Asimismo, pone al frente el cuerpo, el deseo y las emociones como lugares epistémicos que enriquecen el quehacer teológico.

Las reflexiones teopoéticas que surgen y resurgen a lo largo del libro se encuentran, al igual que el cuerpo danzante y el impulso divino del que parten, en constante devenir. Nunca concluyen ni tampoco se limitan a las obras dancísticas mencionadas. Al contrario, se convierten en ecos que se transforman con el paso de la lectura. Son, al igual que sus provocaciones, planteamientos que se encuentran en movimiento constante y que causan reverberaciones que nos conectan con nosotros mismos y con nuestro alrededor.

Teopoéticas del cuerpo nos invita a reconocer al cuerpo danzante no sólo como un medio de expresión artística sino como un umbral entre lo divino y lo humano. Como el Verbo encarnado, la danza revela, toca, transforma y nos conecta con nosotros mismos, con los demás y con lo trascendente. Se vuelve un impulso integrador y excedente que funciona como punto de encuentro entre el cuerpo, el deseo y lo sagrado. La danza y la teología se conectan de tal manera que ofrecen una experiencia similar: son espacios de reflexión que se viven, se sienten y se vuelven resonancia del misterio divino y cotidiano que nos habita.

Ángel F. Méndez Montoya, Teopoéticas del cuerpo: la danza, la teología filosófica y las intermediaciones de los cuerpos, Ediciones Ibero, 2022

  1. O Dxxs, en sentido no binario.[]

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