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Literatura

Dilemas de la identidad

Sobre ‘Una máscara del color del cielo’, del escritor palestino Basim Khandaqji, que en 2024 ganó el Premio Internacional de Ficción Árabe

Alejandro Badillo | jueves, 5 de noviembre de 2026

El escritor palestino Basim Khandaqji

La literatura, los testimonios y los estudios sobre el genocidio y la política de apartheid en Palestina forman una suerte de inmenso rompecabezas. De libro en libro el lector puede encontrar coincidencias que, en su mayor parte, son macabras por sus implicaciones. Los autores que han ofrecido una ventana a la limpieza étnica en Gaza –iniciada en la Nakba entre los años 1947 y 1949– son las propias víctimas e, incluso, los que participaron en la expulsión en las filas del ejército israelí como el autor S. Yizhar –seudónimo de Sámej Izhar Smilansky–, que en su novela Hirbet Hiza. Un pueblo árabe (1949) narra el exterminio de una comunidad en los primeros años de opresión.

Basim Khandaqji, novelista y poeta palestino nacido en 1983, pasó 20 años encarcelado en Israel y fue deportado posteriormente a Egipto, en donde permanece retenido. En 2004, durante la segunda intifada palestina, fue condenado por planear un atentado suicida que acabó con la vida de tres israelíes en un mercado al aire libre. En la cárcel se volvió novelista y eligió las palabras como nuevo campo de batalla. El año pasado Israel impidió que Khandaqji y su hermano viajaran al Festival Pan y Roses, que se celebra en Asturias. La novela que lo hizo conocido en el mundo es Una máscara del color del cielo, que ganó el Premio Internacional de Ficción Árabe en 2024.

Una máscara del color del cielo es interesante no sólo por el contexto de creación de la obra, pues Basim Khandaqji la escribió mientras estaba preso. La novela –publicada en español por la editorial Hoja de Lata– demuestra que la resistencia palestina puede servirse de la ficción más allá de las innumerables denuncias, diarios y testimonios del genocidio en Gaza. La trama aborda la vida de Nur Mahdi al-Shahdi, un joven palestino aficionado a la arqueología, que sobrevive en un campo de refugiados en Ramala. Su padre, líder en la primera intifada (1987-1993), se gana la vida gracias a un puesto ambulante que vende café y té. Después de haber sido encarcelado abandona cualquier resistencia y se refugia en el silencio, señal de que la experiencia en prisión sirvió para los propósitos de los israelíes que buscan, sobre todo, desactivar la rebelión palestina por medio de la coacción, la intimidación y el miedo. 

Basim Khandaqji

La arqueología –tema en apariencia lejano a los asociados a Gaza– es un elemento fundamental para entender los aspectos más importantes del dominio y apartheid israelí en la zona. Recientemente se publicó el libro de la académica israelí Maya Wind Torres de acero y marfil. Cómo las universidades israelíes destruyen la libertad palestina. La investigación aborda cómo la arqueología sirve para justificar el despojo y destrucción de innumerables aldeas y ciudades palestinas. A partir de documentación y evidencias ambiguas –por no decir dudosas o inventadas–, algunas de ellas extraídas de textos sagrados del judaísmo, se construye una nueva historia sobre las ruinas de la población exterminada y despojada de su memoria. La lucha por el pasado y el olvido como herramienta de control es clave para erosionar la resistencia cultural y la experiencia heredada por la población segregada, su única ancla con una identidad en asedio permanente. En la novela de la autora palestina Adanía Shibli, Un detalle menor, la protagonista se interna en las zonas colonizadas por los israelíes y comprueba cómo han renombrado cada asentamiento y accidente geográfico. La apuesta es el olvido.

El otro elemento importante de Una máscara del color del cielo es la lucha entre la identidad propia –con todas sus luchas y fricciones– y la del opresor. Nur Mahdi al-Shahdi encuentra, por accidente, la identificación de un israelí de nombre Or Shapira. Por su color de piel, sus rasgos y su cabello puede aprovechar el documento para hacerse pasar por él. Su principal ambición es visitar las excavaciones arqueológicas que hace Israel, pues uno de sus sueños es escribir una novela histórica basada en la vida de María Magdalena y colocarla en un contexto más acorde con la memoria palestina. Ese acto de justicia a una figura silenciada contrasta con el reto de asumir una identidad falsa mientras convive con judíos sionistas y académicos de otros países que trabajan en la excavación. La historia, de esta manera, se multiplica en varias perspectivas: las grabaciones que hace Nur con sus ideas para la novela sobre María Magdalena, las notas que dirige a su amigo preso en una cárcel israelí y el día a día en el que Or Shapira adquiere cada vez más materialidad por medio de una voz que lo conduce a una suerte de personalidad escindida. 

Como sucede con las obras que van más allá de la denuncia, Una máscara del color del cielo no sólo es un ejercicio valioso por la forma en la que entrelaza las historias alrededor del protagonista. Su principal aportación es una reflexión incómoda a partir de una idea que ya había establecido Frantz Fanon en su legendario libro Piel negra, máscaras blancas (1952): la sumisión del dominado gracias a que es absorbido por la mentalidad del colonizador. El texto de Fanon –citado en algunos pasajes por Khandaqji– se adapta muy bien a la realidad de Gaza no sólo de los años recientes sino a partir de que Israel decidió complementar la limpieza étnica de la población palestina con una colonización mental de la población árabe dentro de sus fronteras. La mente de hombres, mujeres y niños palestinos se enfrenta no sólo a un asedio físico sino a la tentación de cruzar el límite e identificarse con su opresor. La identidad, de esta manera, es moldeada para ser inofensiva y participar asumiendo un papel de ciudadano de segunda clase –como ocurre de facto con gran parte de la población musulmana y árabe en Israel– en un Estado supremacista. Así como se ocultan las ruinas de las aldeas destruidas por la ocupación se oculta la memoria de un pueblo que aún puede expresarse en las palabras de Basim Khandaqji y otros artistas palestinos que viven en Gaza o en el exilio.

Basim Khandaqji, Una máscara del color del cielo, prólogo de Luz Gómez, traducción de Alberto López Oliva, Hoja de Lata, Gijón, 2025

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