16 de agosto de 2017

La Tempestad

También las artes cambian al mundo

28/09/2026

Arquitectura

¿Y si la naturaleza fuera lo primero?

En su novena edición, la Trienal de Arquitectura de Oslo lanza una pregunta sobre la posibilidad de construir desde la economía circular

Nicolás Cabral | lunes, 28 de septiembre de 2026

El público en la inauguración de la Trienal de Arquitectura de Oslo, 17 de septiembre de 2026. Fotografía: Julie Hrnčířová / Abrakadabra / Oslo Architecture Triennale 26

Para llegar a las ruinas de la Catedral de San Hallvard, construida a inicios del siglo XII, uno debe recorrer, en paralelo a las vías del tren, el barrio de Bjørvika, antigua zona portuaria que hoy muestra la cara más joven de Oslo. No muy lejos se alzan la Biblioteca Pública, la Ópera y el Museo Munch, emblemáticos ejemplos del plan de renovación urbana que ha transformado esta zona de la capital noruega durante el primer cuarto del siglo. La ciudad medieval, construida con piedra y madera, fue reducida a cenizas en 1624, y Oslo comenzó de nuevo cerca de la Fortaleza de Akershus. Hoy exhibe una heterogénea y rica mezcla de arquitecturas que miran al fiordo, con habitantes dispuestos a involucrarse activamente en las decisiones que cambian su fisonomía.

La Trienal de Arquitectura de Oslo se ha realizado en paralelo al impulso renovador de la ciudad nórdica, y desde su primera edición, en 2000, lo ha acompañado reflexivamente, proponiendo discusiones sobre las formas de habitar, la sustentabilidad, la pertenencia al lugar –es la tierra de Christian Norberg-Schulz– o, incluso, el decrecimiento económico. En una sociedad de fuerte tradición igualitaria, el evento se ha enfocado en los espacios que posibilitan la vida común y plantean una relación responsable con el entorno, antes que en la exhibición de edificios singulares. Así, la novena edición se rigió por un concepto en forma de pregunta: ¿Y si la naturaleza fuera lo primero?

La Trienal de Arquitectura de Oslo se ha realizado en paralelo al impulso renovador de la ciudad nórdica, y desde su primera edición, en 2000, lo ha acompañado reflexivamente, proponiendo discusiones sobre las formas de habitar, la sustentabilidad, la pertenencia al lugar o, incluso, el decrecimiento económico. 

El planteamiento no sólo apela a una arquitectura sustentable o “verde”, sino a establecer prioridades en un planeta cuyas dinámicas climáticas han sido alteradas por el calentamiento global. ¿Puede la arquitectura, disciplina sujeta como pocas a los designios del capital, anteponer las necesidades medioambientales a la ambición inmobiliaria? La directora de la Trienal, Line Ramstad, propone que al menos hagamos las preguntas pertinentes, lo mismo a través de una exposición con tres decenas de proyectos internacionales que de un ciclo de charlas y talleres en los que despachos de arquitectura e ingeniería exponen sus particulares respuestas, principalmente a través de la innovación en materiales y la recuperación de estructuras en desuso. El escenario es la iglesia de Sofienberg, un sobrio templo luterano del siglo XIX situado en el centro del parque del mismo nombre, en el animado barrio de Grünerløkka, que dejará de ofrecer servicios religiosos para convertirse en un centro comunitario. Un día antes de la apertura al público, los invitados de prensa pudimos ver los proyectos seleccionados, para luego tomar un trago en las oficinas de Snøhetta, célebre estudio que diseñó la mayor atracción contemporánea de la ciudad: la Ópera de Oslo.

Trienal de Arquitectura de Oslo

Parte de la exposición de la Trienal de Arquitectura de Oslo, en las oficinas de Snøhetta, 16 de septiembre de 2026. Fotografía: Julie Hrnčířová / Abrakadabra / Oslo Architecture Triennale 26

A unos pasos de ese edificio y del polémico Museo Munch –diseño de Estudio Herreros que los oslenses no han terminado de asimilar–, la primera actividad de la Trienal de Arquitectura tuvo lugar en los icónicos saunas del fiordo, donde Øystein Rø, de Transborder Studio, ofreció una charla sobre el proyecto de un jardín botánico acuático. Con el Oslo Badebotaniske se pretende impulsar un nuevo estándar de construcción en el entorno portuario, que incorpore acciones de restauración del ecosistema en las nuevas torres de departamentos y oficinas. Por ahora son más las preguntas que las respuestas, pues aunque los bañistas podrán ver vegetación al fondo del mar, el beneficio ecológico está por determinarse. Afuera de la iglesia de Sofienberg, por cierto, se instaló un sauna gratuito para los visitantes de la Trienal, cortesía de la Oslo Badstuforening. Es una pequeña cabaña de aspecto tradicional, a diferencia de los edificios flotantes de Sukkerbiten, pequeños ejercicios de arquitectura contemporánea donde Estudio Herreros dejó también su impronta.

Las charlas de la Trienal de Arquitectura de Oslo partieron de una premisa curatorial: la naturaleza no produce desechos. Nuestro modelo productivo, en cambio, no para de engendrar montañas de escombro y basura. 

Este año el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, es decir, la fecha en que nuestro consumo supera los recursos ecológicos que la Tierra puede regenerar en un año, llegó el 30 de julio. La industria de la construcción produce un tercio de los residuos del planeta y es una de las mayores responsables de las emisiones de carbono. La vida útil de un edificio es de entre 50 o 60 años; después de ese tiempo, será demolido o reemplazado. Las charlas de la Trienal de Arquitectura de Oslo partieron de una premisa curatorial: la naturaleza no produce desechos. Nuestro modelo productivo, en cambio, no para de engendrar montañas de escombro y basura. Tiene sentido, entonces, que la sede del evento sea la iglesia de Sofienberg: es una nueva demostración de que los edificios pueden tener segundas y terceras vidas, y de que la ciudad se construye también con la memoria. En un contexto de consumo exacerbado y producción desbocada, la arquitectura debe volver a pensar de qué está hecha, cómo se relaciona con el lugar, de qué forma puede ofrecer un máximo de beneficios con un mínimo de impacto ambiental.

Trienal de Arquitectura de Oslo

La Trienal de Arquitectura de Oslo de 2026 tuvo como sede la iglesia de Sofienberg. Fotografía: Julie Hrnčířová / Abrakadabra / Oslo Architecture Triennale 26

Tras la ola neoliberal de los starchitects, con los afectados por la crisis climática demandando respuestas, los diseñadores de espacios han llevado a los foros discusiones sobre distintas aristas de la sustentabilidad. Pero es momento, plantea la Trienal de Arquitectura de Oslo, de hablar de economía circular a través de cuatro ejes: materiales, estructuras, territorios y sistemas. Esto tiene implicaciones lo mismo para el proyecto que para los métodos constructivos, e involucra creatividad económica. El chivo en cristalería fue el tambaleante sistema socioeconómico, que los ponentes de la Trienal, se entiende, creen mejorable. Veremos si este nuevo intento de dar al capitalismo una mejor cara es capaz de trascender el greenwashing o si descubriremos, fatalmente, que el extractivismo le es consustancial. El reformismo es comprensible en el contexto del Estado de bienestar noruego; en otras latitudes, sin embargo, la emergencia orilla a buscar otras alternativas. “Todo tiene un valor intrínseco independientemente de su utilidad para los humanos”, planteó el filósofo noruego Arne Næss, citado en el texto curatorial de la Trienal. Hay ahí, si se lee bien, un germen radical: es necesario un cambio en las jerarquías de valor, que lo desplacen de la potencial ganancia de algunos al beneficio que da a un entorno cierta decisión constructiva.

“Todo tiene un valor intrínseco independientemente de su utilidad para los humanos”, planteó el filósofo noruego Arne Næss. Hay ahí, si se lee bien, un germen radical: es necesario un cambio en las jerarquías de valor, que lo desplacen de la potencial ganancia de algunos al beneficio que da a un entorno cierta decisión constructiva. 

La primera jornada, el 17 de septiembre, planteó el tema de esta edición: ¿Y si la naturaleza fuera lo primero? La charla comenzó con la incorporación de los principios de economía circular en la enseñanza de la arquitectura y derivó en la creación de nuevos materiales y procesos constructivos. Jonathan Grinham, de la Harvard Graduate School of Design, expuso cómo las investigaciones de su equipo sobre el uso de polímeros naturales podrían desembocar en la reactivación de industrias en declive. Sian Ricketts, de la firma Carmody Groarke, mostró el notable Museo del Diseño de Gante, para el que desarrolló un ladrillo fabricado con desechos con bajo contenido de carbono. Al día siguiente se propuso, no sin humor, una Nueva Edad de Piedra –el Museo Histórico de Oslo exhibe en paralelo, casualmente, Generation Stone Age. Fundamentalmente, se expusieron proyectos que vuelven al material con el que se construyó durante siglos, antes de que el concreto (con una huella de carbono diez veces mayor) lo suplantara. El protagonista de la tarde fue Petra Hights, el primer edificio en altura erigido con un exoesqueleto de piedra. El arquitecto Amin Taha (Groupwork) y el ingeniero Steve Webb (Webb Yates) hablaron de su trabajo en la torre de departamentos de diez pisos, situada en una congestionada calle de Londres.

Trienal de Arquitectura de Oslo

Line Ramstad, directora de la Trienal de Arquitectura de Oslo, en su discurso inaugural, 17 de septiembre de 2026. Fotografía: Julie Hrnčířová / Abrakadabra / Oslo Architecture Triennale 26

Con jornadas que ampliaron la escala de los problemas al reciclaje de estructuras y el entendimiento del paisaje dentro de proyectos urbanísticos, la Trienal de Arquitectura de Oslo reforzó la idea de una práctica que opera con la naturaleza, desde sus procesos, incorporándola a las soluciones. Es una invitación a pensar los proyectos desde otro punto de mira, donde el lugar está primero y, después, la necesidad que una nueva construcción pretende satisfacer en él. Con el 50% del capital global invertido en bienes raíces, transformar la práctica arquitectónica será una tarea titánica. Hace unos días, Anne Cecilie Haug de Snøhetta guió un recorrido por Vertikal Nydalen, torre de usos mixtos de bajo gasto energético, climatizada naturalmente, con piel de madera; fue una manera de mostrar que, pese a todo, es posible pensar primero en el medioambiente.

Bajar al fiordo desde el parque Sofienberg representa kilómetros de experiencias singulares. Sus calles y rincones encantadores se alternan con grúas y calles cerradas que niegan la posibilidad de que el paseante piense en una ciudad-museo. Oslo se está renovando, y eso despierta inquietudes. La pregunta de la Trienal, ¿Y si la naturaleza fuera lo primero?, adquiere entonces sentido. Pero no sólo en la capital de Noruega: hay que traerla a la megalópolis que lleva siglos luchando con sus cuerpos de agua. Porque, si lo queremos, otras ciudades son posibles.

Trienal de Arquitectura de Oslo

Coctel frente al fiordo, en el exterior de las oficinas de Snøhetta, durante la preinauguración de la Trienal de Arquitectura de Oslo, 16 de septiembre de 2026. Fotografía: Julie Hrnčířová / Abrakadabra / Oslo Architecture Triennale 26

La Trienal de Arquitectura de Oslo se realizó entre el 17 de septiembre y el 1 de octubre en la iglesia de Sofienberg. Agradecemos a la Embajada de Noruega en México la invitación a visitar Oslo en el contexto de este evento

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