16 de agosto de 2017

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20/02/2026

Artes visuales

Samadhi

Con curaduría de Michel Blancsubé, la muestra colectiva de Espacio 33⅓ (CDMX) reúne piezas que se tensan entre el balbuceo y la plegaria

Daniel Saldaña París | viernes, 20 de febrero de 2026

Vista de la exposición colectiva ‘Samadhi’, Espacio 33⅓, Ciudad de México. Cortesía de Espacio 33⅓

Es un lugar común decir que las propuestas más interesantes del arte contemporáneo (o la música o la literatura) tienen lugar fuera de los circuitos comerciales de siempre. Pero también es cierto que, si alguien visita las tres o cuatro galerías más celebradas durante la Semana del Arte, corre el riesgo de salir con una visión distorsionada, por estrecha, de lo que el arte contemporáneo puede. Por suerte, para quien quiera combatir los lugares comunes existen los lugares extraños, como la galería Espacio 33⅓, que abrió sus puertas en junio de 2025 en un edificio remodelado de vivienda social de la colonia Doctores, en la Ciudad de México.

Espacio 33⅓ es un proyecto del arquitecto Jetro Centeno y la bióloga Bianca Yoko, defensores de una idea del arte donde éste todavía convive con la política más allá de los tics biempensantes y los statements predecibles. El espacio, además, da cabida a sesiones de experimentación sonora que oscilan entre el noise, el ambient, el jazz y el performance.

De la mano del veterano curador Michel Blancsubé, la galería exhibe hasta mediados de marzo su segunda exposición colectiva, Samadhi. Parte de la propuesta curatorial consiste en mantener, cada vez, un par de piezas de la exposición anterior, de modo que haya una continuidad construida por tema y variaciones. Es interesante ver cómo cambia una misma pieza al entrar en diálogo con un nuevo conjunto: una obviedad del trabajo curatorial que, sin embargo, las galerías comerciales suelen pasar por alto, guiadas más por el afán de lucro que por el ánimo de establecer correspondencias y guiños entre artistas y tradiciones.

En Samadhi el rango de las piezas presentadas es amplio, y tensa la cuerda del concepto curatorial hasta casi reventarla. Desde la metapintura de Manuel Centeno Bañuelos (CDMX, 1950) hasta las lectoesculturas punk de Víctor del Oral (CDMX, 1987), pasando por el accionismo vienés de Hermann Nitsch (Viena, 1938-2022) y Hanel Koeck (Biarritz, 1944), la fotografía performática de Yanieb Fabre (CDMX, 1983) o la instalación, en conversación con el mundo de la moda, de Erika Harrsch (CDMX, 1970).

Espacio 33⅓

Vista de la exposición colectiva Samadhi, Espacio 33⅓, Ciudad de México. Cortesía de Espacio 33⅓

El texto curatorial de Blancsubé (ingeniosamente desplegado en el espejo del baño de la galería, como ya es costumbre en 33⅓) rescata, desde el título de la muestra y el epígrafe de Henri Michaux, conceptos de la filosofía oriental, proponiendo un límite de la razón más allá del cual el arte tiene cosas que decir, entre el balbuceo y la plegaria. Este acercamiento me importa porque sugiere una lectura no literal de la exposición: un recorrido intuitivo que, a pesar de la humildad del espacio (Espacio 33⅓ se compone de dos salas modestas) no se amilana ante el disfrute sensorial y aún espiritual del arte, con resonancias new age que deciden colgar el sombrero de la ironía a la entrada del local.

Y aquí es donde algunas de las piezas de Samadhi encuentran su resonancia más profunda. Will Berry (Nashville, 1954) trabaja en una dimensión pictórica, sirviéndose del óxido de hierro sobre un lienzo de lana para crear un efecto sanguíneo y orgánico que recuerda la obra total de Hermann Nitsch en los años setenta, cuando el mítico artista se encerraba en su castillo austriaco para organizar orgías rituales con representaciones prototeatrales de sacrificio animal durante varios días. También La source (El manantial), de Yanieb Fabre y Nicolas Berloty ofrece un eco visual en donde el óxido y la sangre se confunden, con alusiones a un origen mítico donde la división entre seres humanos y animales no sería tan pronunciada.

Éste es uno de los leitmotivs en la obra de Fabre, una de las artistas más interesantes de la muestra. Alternando entre el dibujo, el video, la fotografía y el performance, la mexicana –radicada entre París y Córcega desde hace años– juega con el emborronamiento de las distinciones, apelando a ese espacio preverbal donde los impulsos libidinales parecen coincidir con los antropofágicos. En la otra serie de fotografías incluida en Samadhi, también en colaboración con Berloty, Fabre recurre al autorretrato (con reminiscencias de la Ana Mendieta de Siluetas) desde su negación: no hay mirada sobre el yo cuando el yo es lo que se pone en duda. Mediante la máscara y la fusión con el paisaje, el cuerpo de la artista se derrama en una multiplicidad que desafía la impostura tradicional del ego.

Espacio 33⅓

Vista de la exposición colectiva Samadhi, Espacio 33⅓, Ciudad de México. Cortesía de Espacio 33⅓

Jérémy Laffon (Limoges, 1978), por su parte, usa las connotaciones sacras del mármol para elevar el trabajo a escultura. Ya sea el flexómetro y la llave stilson o el agitador central de una lavadora doméstica, sus piezas dignifican las herramientas de las labores mal pagadas (la construcción, el trabajo del hogar) y, oblicuamente, a quienes las emplean. De manera análoga, Víctor del Oral trabaja con materiales cotidianos (el aluminio, el vinil) con los que construye poemas espaciales de estética trashy. Su pieza La celebración del dolor, el dolor de la fiesta, el festejo del cuerpo, el cuerpo del placer, la lujuria del velorio, la miseria de la cuna, el nacimiento de la tragedia, el ultimátum de la comedia (2024) lleva desde el título una carga nietzscheana tal que podría aparecer verbatim en el texto curatorial de la muestra.

Del fotógrafo Damien Daufresne (París, 1979) se incluye una serie de fotografías en blanco y negro con un elemento ominoso que no le será extraño a quienes hayan presenciado algún concierto de Godspeed You! Black Emperor, banda canadiense con la que Daufresne colabora habitualmente encargándose de las proyecciones para sus presentaciones en vivo. No es difícil imaginar un parentesco con The Hallucinator de Sébastie Dosantos Capouet (Bruselas, 1989), que a través de la impresión UV genera un efecto con reverberaciones del sectarismo religioso o la experiencia colectiva de un concierto extático.

En definitiva, Samadhi traza lecturas más o menos evidentes y se plantea como una renovación necesaria y oscura (que también es una vuelta al origen) en mitad de una escena herida de muerte por la instagramización del museo y la Semana del Arte.

Espacio 33⅓

Vista de la exposición colectiva Samadhi, Espacio 33⅓, Ciudad de México. Cortesía de Espacio 33⅓

La muestra colectiva Samadhi, curada por Michel Blancsubé, puede visitarse en Espacio 33⅓ (Dr. Lucio 102, edificio A1 “Centauro”, local 5, col. Doctores, Ciudad de México) hasta el 14 de marzo

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