13/01/2026
Literatura
Una lengua en el lenguaje
Carlos Cociña lee el libro de poemas más reciente de Tatiana Lipkes, ‘Lengua escaldada’, publicado por el sello Juan de la Cosa
Lengua escaldada explora y ausculta cómo y de dónde aparecen esos vestigios que designan, cuya certeza es sólo posible en su sistema. La atmósfera que crea apunta a multiplicidad de percepciones, con una actitud de indagación, más que una imposición circunstancial. Como señala Tatiana Lipkes en la nota final del libro:
Lengua escaldada es el intento de responder a la idea de si pensamos en palabras o no. Es tratar de contestar a la pregunta: ¿cuál es la visión actual del mundo? Se refiere a la dificultad de poder describir esa visión o una propia visión, a la dificultad de decir lo que vemos, al traslado de un lenguaje a otro. Es una poética de lo imposible. Es encontrar ese pequeño espacio en donde está el pensamiento que no podemos contener. [subrayado nuestro]
Esa búsqueda es posible porque, una y otra vez, un mar sumerge los sonidos, cuya referencia es un susurro incierto, blando y recurrente. Piedras que ocultan y trasladan el extrañamiento de plantas, en una visión ciega de la experiencia subjetiva. Las palabras se eclipsan en una pulsión de infrasonidos que vuelven al silencio.
Cuando su primer verso señala “Cada pedazo del mundo es un pedazo que se desprendió de un gran bloque” apunta, desde el asombro, a la multiplicidad de la percepción. Ésta deambula para finalmente, quedar en un estado donde “Hablamos siempre esperando el silencio”. El camino es múltiple y no termina, como la materia de las piedras estelares que se transforma inalterable en todas dimensiones. Infinitesimal puede ser lo posible, o en su expansión constante. Allí “la belleza es puro azar”, cuando “Miles y millones de galaxias pueden ser vistas con los ojos cerrados”. Pero la lengua la descubre cuando “lo que no existe fuera del mundo / espera suceder”.

El poema constata que su imaginario constituye un orden, y este texto trabaja con él, desde la sorpresa, hasta confirmar que “el lenguaje es un orden de la realidad y no sólo un medio”. Un nivel con esta capacidad de búsqueda es notable, pero aún más incorporar la reflexión al texto en su propia singularidad como objeto de lenguaje en el mismo registro que “El martes en la mañana me picó una abeja por encima de la ropa, a un lado de la rodilla derecha. No pudo distinguir la piel del color negro y no logró clavarme el aguijón por completo”.
La libertad está condicionada por la propia lengua; sin embargo, esa limitación es la que permite aludir a lo innombrable, pues “tomar distancia del lenguaje. Crear una nueva manera de pensar su historia, ya no como una continuidad sino en términos de rupturas. Ver con extrañeza es tener la ilusión de que eso que tenemos enfrente es más real que lo real”. Lo que se designa como real se configura cuando “las experiencias visuales que: 1. surgen desde adentro 2. pueden variar sin cambios en la representación de las experiencias 3. equivalen mentalmente a algunas propiedades visibles de los objetos y son lo único que nos determina hacia afuera”.
Así, Lengua escaldada puede construirse como una máquina de sentidos que transforma las percepciones, desde su propia elaboración en el ámbito de la lengua. Es impresionante que su lectura nos permita acceder al silencio sereno “cuando estás con otros en silencio”.