12/01/2026
Literatura
Los cuentos de 2025
Roberto Abad comenta libros de relatos publicados en México el año pasado; una forma de atraer el interés a un género no siempre atendido
Fotografía de Francesca Zanette en Unsplash
Como cada año, en 2025 hubo publicaciones importantes de cuento. Aquí comparto algunas, entre las que alcancé a leer. El criterio, además de la calidad literaria, es que hayan sido publicados en México y que sean accesibles para las y los lectores. Es decir, estos libros pueden conseguirse hoy mismo, ya sea en tiendas o, dado el caso, con sus propios autores. El trabajo que hacen las editoriales universitarias y los sellos independientes es innegable.
Material de lectura 151
Marina Colasanti
Selección e introducción de Adolfo Córdova. Traducción de Ave Barrera. UNAM

Hacía tiempo que no tenía un descubrimiento literario tan emocionante. Marina Colasanti (1973-2025) no sólo renueva la tradición del cuento maravilloso, sino también reflexiona sobre la escritura, la creación de mundos a través de la imaginación, los universos fantásticos que son a la vez escape y refugio. La autora ítalo-brasileña, conocida principalmente en el medio de la literatura infantil y juvenil, utiliza los elementos y la estética de los cuentos clásicos: en sus historias hay princesas en castillos, unicornios, cazadores, tejedoras, mares y montañas que son cómplices. Pero su escritura va por otro lado: a través de sencillas metáforas muestra una mirada contemporánea, feminista por momentos, y filosófica del cuento fantástico, con una fuerza poética que denota su maestría.
Crucero Caribe. Cuentos selectos
Ana Lydia Vega
UAM

En la edición de 1986 de la afamada y hoy criticada antología El cuento hispanoamericano, de Seymour Menton, sólo tres mujeres fueron incluidas: María Luisa Bombal, Luisa Valenzuela y Ana Lydia Vega (1946). De las dos primeras tenemos referencia, pero la tercera es casi un secreto de nuestra tradición. Tal es la importancia de Crucero Caribe, compilación que reúne cuentos escritos entre 1981 y 2024 de la autora puertorriqueña. A la par de la justicia histórica que representa colocar su obra en los estantes de las librerías mexicanas, se halla la fuerza de su literatura, que yace en el centro de una musicalidad pocas veces tan exquisita, de un humor que se sabe libre de miradas juzgadoras, recordándonos que la escritura siempre se trató del gozo. Desde aventuras amorosas hasta tribulaciones históricas del Caribe, pasando por empresas que “ajustan” hombres. Imperdible.
Sala de máquinas
Alejandro Arteaga
Gabinete Portátil

Fiel a su poética, que propone la invención sobre la invención literaria, Alejandro Arteaga (1977) agrega a su universo de colecciones ficcionales una sala de máquinas improbables, absurdas, fantásticas. Se trata, pues, de un autor mexicano que edifica un proyecto de obsesiones intelectuales (la creación de autores, de libros imaginarios, de hacedores en general) de la mano –como en casos anteriores– de sus escritores fundacionales: Lem, Wells, Wilcock, por mencionar algunos. El resultado es una muestra de artefactos disímiles en tamaño, dotados de piezas de otras máquinas, máquinas obsoletas que, sin embargo, adquieren nueva vida bajo el ingenio de sus amos, y que en ciertos casos se arrojan al impulso creativo, como el androide que escribe novelas o aquel dispositivo que sugiere hipótesis para resolver crímenes. Una apuesta cuyo fondo (las creaciones) altera la forma del libro, pues cada texto es una posibilidad estilística de cómo contar una historia.
Narrativa reunida
Esther Seligson
Prólogo de Geney Beltrán. Fondo de Cultura Económica

El reino de Esther Seligson (1941-2010) es el de las pasiones. En él se encuentran y se separan amantes, pero también se reconfiguran los fervores paternos, las devociones espirituales y las mitológicas. En su prosa, que le mereció el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores en 1973, el tiempo avanza en función de la palabra. Si ella quiere lo detiene para que podamos apreciar el pulso, el pensamiento, la duda del personaje. Seligson nunca tuvo, a mi parecer, ninguna consideración con respecto a los géneros literarios. Con naturalidad, su pluma prolífica se aventura en el relato de largo aliento y en la minificción o el aforismo. Quizá por eso su narrativa está fuera del canon de su tiempo, porque sale de estructuras o formas convencionales (no hay knockout aquí, lo siento, y por suerte). Qué gran prosista podemos descubrir aún.
Soñarán en el jardín
Gabriela Damián Miravete
Alfaguara
La lectura del cuento “Soñarán en el jardín” (publicado en 2018) ya nos había anticipado que la escritura de Gabriela Damián Miravete (1979) se mueve por una suerte de principio: la imaginación fantástica puede llevarnos hasta la esperanza que la realidad nos quita. Ahora, acompañado este relato de otras historias, y dando título al libro, su espectro narrativo se amplía o quizá sólo nos deja ver cuán profundo puede ser. Me gusta encontrar una narradora que claramente se preocupa por hallar el ritmo y la concisión del lenguaje, y con ello conseguir pasajes poéticos en ficciones especulativas de lo más diversas, desde la experiencia de unos amigos con una flor que desprende semillas y polen alucinógenos, hasta el juicio a una monja del siglo XVIII para aclarar el descubrimiento de un dispositivo con virtudes que trasciende su época y pone en crisis las nociones de fe, progreso y conocimiento.
La burocracia celeste
Pedro J. Acuña
Concéntrica

¿Puedes imaginar un cuento de fantasmas y de amor que suceda en un Oxxo y en el que las caguamas de León sean más importantes que las de Corona o Indio? Las páginas de Pedro J. Acuña se construyen de la cotidianidad mexicana, la de los días en metro, la de los viajes en carretera. Pero en esa realidad conocida existen factores violentos y extraños que irrumpen: sectas que hacen que sus adeptos se corten los dedos, automóviles que vagan días enteros con cuerpos en la cajuela, febrículas que desatan confesiones funestas. Y, en medio de esto, un lenguaje simple y depurado, que igual puede abordar una trama postapocalíptica que la historia de un hombre que, a punto de suicidarse, recibe la visita de una vieja amiga. Son relatos raros, divertidos e incluso, si se quiere, tristes. La apuesta de Acuña es atípica y generosa: liberar su obra. Todos sus libros se encuentran en descarga gratuita en su sitio web. Sin embargo, vale la pena tener al menos La burocracia celeste, ahora en una versión rústica, cosida por él mismo.
Tibia cercanía nocturna
Federico Vite
Fondo Editorial Universidad de Sonora

Federico Vite erige, desde hace varios años, una cartografía ficcional (o no tanto) de Acapulco. En las historias de este libro pueden apreciarse las formas en las que la violencia ha hecho del puerto un lugar siniestro. Los periodistas asesinados, los desaparecidos, las casas tomadas por el narco son parte del paisaje; pero a este tipo de horror parece atravesarlo otro ímpetu que permite reconocer los afectos y las manifestaciones de la oscuridad. Ánimas que replican lamentos en los rincones de un ropero, reencarnaciones en cuerpos de niños secuestrados, amarres a la orden del día, sesiones espiritistas para encontrar desaparecidos, devoción a la Santa Muerte. El terror de Vite es casi realista, está más cerca de la magia de los barrios y los mercados de México que de los grimorios de la tradición fantástica europea; no necesita de grandes artificios para llevar a sus personajes a un lugar de vacilación, que también suele ser de duelo o tragedia.
Instantes oscuros
Bibiana Camacho
Malabar

El imaginario de Bibiana Camacho se va depurando con cada libro suyo: las figuras maternales que engañan con magia, con trampas afectivas, que se vuelven brujas o chamanas o curanderas tétricas, y que encarnan también viejos rencores para desatar conjuros y pesadillas, son ya una marca inconfundible de su prosa. En sus mundos, la preparación de platillos con intenciones funestas, el poder de las hierbas que abren portales, la danza que se vuelve invocación, son puntos de partida para dejarnos ver la soledad terrible que habita en estas mujeres. Son historias oscuras porque, detrás de cada una, se halla una verdad que delata a sus protagonistas: la reivindicación puede venir de lo prodigioso y lo ancestral, aunque esto implique más dolor.
Coordenadas a seguir
Manifiesto (Casa futura), de Rafael Villegas
Los inocentes (Era), de Hiram Ruvalcaba
Días de muertos (Anatema), de Gerardo Lima
Las máquinas enfermas (Páginas de Espuma), de Alberto Chimal
Noventa millones de soles (UAM), de Iliana Vargas
Helado de flor de cempasúchil (La Tinta del Silencio), de Alicia Mares
Más allá de la carne (Reverberante), de Jazmín García Vázquez
Los secretos vivos (Lectorum), de Carlos Martín Briceño
Peores cosas han pasado (UANL), de Bladimir Ramírez
Dioses de migajón (Níspero), de Sofía Morfín Jean
La constancia del olvido (La Tinta del Silencio), de Lourdes Laguarda
